
Con un lleno total, el segundo Festival de la Salsa en Vancouver fue todo un éxito. Foto CBNnoticias
Vancouver (CBNnoticias) – La noche del sábado 21 de marzo quedará marcada en el calendario cultural de la ciudad como el momento en que la salsa reclamó su trono en la costa oeste de Canadá. La segunda edición del Festival de la Salsa en Vancouver no solo fue un éxito de taquilla, sino una contundente demostración de unidad multicultural y calidad artística que hizo vibrar las paredes del Fraser Banquet Hall.
Con un lleno total que superó las 500 personas, el recinto se convirtió en un crisol de culturas. La convocatoria logró lo que pocos eventos alcanzan: reunir bajo un mismo ritmo a comunidades de Asia, Europa, Medio Oriente y Norteamérica, junto a una nutrida representación de casi todos los países de América Latina, desde México hasta Chile y Argentina, pasando por el Caribe y Centroamérica.
Ocho horas de pura energía y calidad orquestal
Desde las 6:00 de la tarde de ayer sábado hasta las 2:00 de la madrugada de hoy domingo, cinco orquestas locales demostraron que el talento residente en Vancouver está a la altura de cualquier escenario internacional. La pista de baile resultó insuficiente para la marea de asistentes que disfrutaron de un repertorio curado con precisión y entrega.
La apertura estuvo a cargo de Rumba 7. Bajo la dirección de Mauricio Ramos y la brillante voz de su cantante bonaverense, la agrupación inyectó el sentimiento del Pacífico colombiano con clásicos como «Cali Pachanguero» y «Mi Buenaventura», estableciendo una conexión inmediata con el público durante más de una hora y media.
Seguidamente, Diego Kohl y su Orquesta Tabasco elevaron la apuesta visual con una coreografía de salsa moderna junto al Grupo América. La impecable ejecución instrumental y el sabor caribeño de sus voces dejaron una impresión de alto profesionalismo entre los conocedores.
El relevo lo tomó Martín Romero y su orquesta La Clave. Con su distintivo uniforme naranja, irrumpieron con un sonido de trompetas que electrizó la sala, obligando a los asistentes a colmar cada espacio disponible de la pista con una propuesta de salsa movida y enérgica.
Cerca de la medianoche, el turno fue para Wasakaka. Esta agrupación integrada por artistas de diversas nacionalidades latinoamericanas mantuvo la intensidad del festival, consolidándose como una de las agrupaciones salseras de referencia en la ciudad.
El comienzo de cierre llegó poco antes de la 1:00 de la madrugada con la esperada Julio Ávila Band. Los dirigidos por Julio Ávila desplegaron el virtuosismo de la salsa cubana, momento que fue aprovechado especialmente por los alumnos de las escuelas de baile locales —muchos de ellos de origen asiático y anglosajón— para lucir sus mejores pasos y figuras técnicas.
Un balance que proyecta futuro
Más allá de la música, el evento se destacó por la organización, el orden y la atención, recibiendo calificaciones sobresalientes por parte de los asistentes. Para Miguel Potes Mina, empresario y organizador del evento, el resultado supera todas las expectativas iniciales.
«El balance es sumamente positivo. Vimos a la gente gozar y disfrutar de principio a fin. El objetivo se cumplió: la pista nos quedó pequeña y llegó mucha más gente de la que pensábamos», afirmó Potes Mina, visiblemente complacido.
El éxito de esta segunda edición no solo deja en alto la imagen de la música latina en Columbia Británica, sino que abre la puerta a proyectos de mayor envergadura. Vancouver ha demostrado que tiene «oído» y corazón para la salsa, consolidando un movimiento que promete seguir creciendo en la región.
